Cuando hablamos de relacionarnos con la comida, no sólo nos referimos a la forma en la que interactuamos con cada alimento a través de lo que pensamos, sentimos y las emociones que nos evocan, sino también de cómo nos relacionamos con nosotros mismos, con nuestra imagen corporal, nuestras emociones, sensaciones físicas y fisiológicas, así como nuestras relaciones sociales cuando de comer se trata.
Desde mi perspectiva, una buena relación con la comida es aquella en la que encontramos el equilibrio para mantener la salud física, mental y emocional, es consciente del medio ambiente y nos brinda la sensación de satisfacción y conexión.
De acuerdo con la Ley general de la alimentación adecuada y sostenible en México publicada en 2024 una alimentación adecuada se refiere al consumo de alimentos nutritivos, suficientes y de calidad, que satisface las necesidades fisiológicas de una persona en cada etapa de su ciclo vital; adecuado a su contexto cultural y que posibilita su desarrollo integral, la nutrición óptima y una vida digna.
Además, la sostenibilidad consiste en que la producción de alimentos tenga un impacto ambiental reducido, con respeto a la biodiversidad y los ecosistemas, a fin de posibilitar el acceso a los alimentos por parte de las generaciones presentes y futuras. Bajo esta óptica, no existe un tipo de dieta “ideal”.